Mis propósitos de año nuevo (y aprendizajes del año viejo 2016)

El 2016 fue para mí un año de muchos logros a nivel profesional y personal. Aun cuando sigo viviendo en un país destruido social, moral, política, económica e institucionalmente, puedo decir que logré cosas, contactos, amistades, alianzas, aprendizajes y conocimientos que antes no tenía. Eso es un rotundo éxito, por lo menos para mí.

Sin embargo, y siempre con esa mala costumbre (o buena, depende de cómo se interprete) de mirar las cosas con más de un punto de vista, no tan optimista, sino más realista, también hay que analizar seriamente algunos hechos que me sucedieron en el 2016, que marcaron un antes y un después y que me aportaron una tremenda enseñanza y que no puedo dejar pasar por alto:

  • Cuando haces algo novedoso o interesante todos quieren ser tus amigos. Comprobé eso en el 2016 no menos de 4 veces. La gente se pega a ti cuando quiere sacar provecho o beneficiarse de algo que tú haces y que ellos no han hecho todavía (porque no saben o porque no pueden). Así que el aprendizaje aquí fue que todos esos aduladores (jalabolas, hablando en criollo) que conocí no eran mis amigos. Tus verdaderos amigos los cuentas con los dedos de una mano… (Y a veces ni tienes verdaderos amigos… esto también hay que entenderlo y aprender a vivir con esta realidad).
  • Cuando emprendes algo tus detractores apostarán a tu fracaso. ¿Acaso podía ser de otra manera? Quien no te quiere tampoco quiere que te vaya bien, y este año que acabó también lo comprobé varias veces. Afortunadamente ya estoy curado contra esto, porque si me afectara, créanme que no haría nada de lo que hago, pendiente del “qué dirán”. Un consejo: que las malas energías, la negatividad y los malos deseos de los demás sean tu motor, una motivación adicional para lograr las cosas y CALLARLES LA BOCA. Algo así como el principio del Aikido, en el que usas la fuerza del oponente para derrotarlo. No hay nada más gratificante que esto.
  • Todo el mundo espera algo a cambio. Nadie hace nada de gratis. Es muy complicado (u osado) confiar en la buena voluntad de las personas. No creo ni en la buena voluntad del Papa, porque si la tuviera, ¿por qué no entrega todas las riquezas del Vaticano a los pobres del mundo? Pues lo mismo aplica para cualquier individuo que te rodea. Todo el mundo quiere sus 5 minutos de fama, su tajada, su pedazo de torta, su bono, su comisión… y eso no está mal, siempre y cuando no sea a costa de joderte a ti. Este año que pasó me intentaron joder numerosas veces, pero afortunadamente me di cuenta a tiempo y preferí dejar las cosas así, con un “yo te aviso, mi pana”.
  • No confíes en el que dice, sino en el que hace. ¡Uff! Uno de los mayores aprendizajes de mi 2016. Conocí a unos cuantos expertos, gurús, maestros intergalácticos de X disciplina el año pasado. ¡BAH! Pura paja. No resultaron ser más que especímenes que, con esta estrategia de “aparentar saber”, querían ser tomados en cuenta en algunos de mis proyectos personales y llevarse su tajada… (Ver punto anterior). ¿El aprendizaje aquí? El que de verdad sabe, no alardea, simplemente demuestra con hechos, no con logros de otros, con ropa cara, títulos o teléfonos caros. Cuando te topes con tarados de esta especie, déjalos que se desgasten en su habladera de paja y sígueles la corriente. Las mentiras son como los mojones: tarde o temprano salen a la superficie. Eso sí, sólo dales una oportunidad de hacer algo, para que participen y demuestren “todo eso que dicen saber hacer”, y apenas la caguen (como con total seguridad lo harán), ¡SACÚDETELOS!
  • Todos esperan que sea uno el que dé el primer paso. No sé si es por falta de confianza en sí mismos, falta de conocimientos, pena, comodidad o un poquito de todo lo anteriormente mencionado, pero lo que sí es cierto es que todo el mundo quiere ir al cielo, pero nadie se quiere morir. Quieren comerse la fruta sin subirse a la mata. Quieren que uno sea el que llame, el que empiece, el que busque, el que organice… ¡vayan a cagar! Si somos parte de un equipo TODOS NOS JODEMOS POR IGUAL… si no, yo me jodo por lo mío, tú por lo tuyo. Y nos vemos allá en la meta… ¿no es mejor así?
  • La lealtad cada vez existe menos. Ya he perdido la cuenta de las personas a las que he ayudado desinteresadamente sin esperar nada a cambio, para después enterarme de que a mis espaldas hablaban paja, intentaban joderme o “sacarme del juego”. No hay nada más desagradable que enterarse de eso. Es por eso que de ahora en adelante seguiré ayudando a las personas, PERO TIENEN PRIMERO QUE PAGAR EL PRECIO. De lo contrario, ¡lo siento por ti! No soy una institución benéfica, soy un profesional que entendió que su tiempo y conocimiento valen. Si tú también quieres aprender tienes que hacer lo que yo: ¡echarle bolas! De malagradecidos está lleno el mundo.
  • Ni regatear ni dar descuentos. ¡Vaya que lo aprendí! El trabajo de los demás tiene un precio, y no podemos andar por la vida regateándole a todo el mundo. Pero así como debemos respetar el valor del trabajo ajeno, debemos aprender a autovalorar el nuestro. Por más crisis y pelazón que haya, ¡no regales tu trabajo! Puedo hacer un post sólo de este tema, pero para resumirlo aquí te puedo argumentar varias razones: dañas el trabajo de tus otros colegas al infravalorar los servicios; compites de forma desleal al ofrecer precios muy por debajo del promedio del mercado (aquí habría que hablar de otras variables, como experiencia, calidad, garantía, tiempos de entrega, etc., etc.), y malacostumbras a quienes te rodean, al percibirte como un arrastrado o pelabola que acepta cualquier precio que le ofrezcan porque andas “mamando”.
  • La familia, de lejitos. Triste, pero cierto. La familia que te tiene cerca, a tiro de piedra, a un tren de distancia, ni se preocupa por ti, ni te ayuda, ni te apoya ni nada. Como ya escribí una vez, la familia ahora es sólo para verse en un funeral. ¿Será que hay que irse bien lejos del país para que sí te extrañen, te llamen o se preocupen? Es allí en donde yo lanzo mi filosófica cuestión: ¿Ya pa qué? En tiempos de crisis, cuando más unión debe haber y más apoyo hay que prestarse, pareciera que más le estorba uno a su familia, más paja hablan o peor se comportan con uno… Y no falta el pariente que te busca sólo cuando te necesita… por eso, ¡de lejitos! No los molesto para que no me molesten.

EN CONCLUSIÓN

Aburre la manera en que muchas personas ponen por allí en las redes sociales, como si el hecho de hacerlas públicas fuera garantía de que las van a cumplir o de que son mejores personas, sus propósitos y deseos para cada año nuevo que comienza; propósitos y metas que, debo decir, son pura paja y farandulería digital. ¡Nada más! ¿Por qué? Porque a muchos los veo año tras año escribiendo las mismas webonadas y los sigo viendo igual de perdedores que siempre… Todo el mundo habla de sus “propósitos”, pero… ¿y el aprendizaje? ¿Qué aprendieron el año pasado? Nadie menciona eso… pareciera que la gente anda por la vida como un barco a la deriva… como vaya viniendo, vamos viendo… ¡aparentando nada más!

Es por eso que, hastiado de tanta estupidez e hipocresía, decidí que éstos serían mis propósitos para este año nuevo que apenas comienza… y los que vienen. Más que “propósitos” en sí serán mi nuevo yo, mi nuevo proceder ante los que me rodean:

  • Ser más egoísta. Pensar más en mí. Soy de los que cree en la lealtad, de los que piensa que “los míos son primero”, “que mi gente esté bien”. Y entre “los míos” o “mi gente” entra todo aquel que trabaja conmigo, realiza alguna labor o actividad junto a mí, o de una u otra forma tiene relación personal, laboral o familiar conmigo. Para mí ellos SIEMPRE eran prioridad, había que responderles primero, darles primero o beneficiarlos primero. Ya no. Eso se acabó. Ahora seré capitalista extremo: primero yo, segundo yo, tercero yo… y luego veré si queda algo para los demás. Con la gente hay que ser coñoemadre, y definitivamente a la gente le gusta que la traten así.
  • No contar con nadie. Más de una vez cometí el error de confiar a otros labores de relativa importancia o envergadura de mis trabajos o negocios, haciéndome quedar mal, bien por deficiente calidad o por no seguir los acuerdos o procedimientos previamente establecidos. ¿El aprendizaje? Para emprender, hacer y lograr no cuento con nadie más que conmigo mismo, y con mi compañera de vida. ¡Con nadie más! Sé que en el futuro (por los muchos proyectos que tengo en mente) conoceré mucha más gente, y con muchas personas espero trabajar, pero los grandes pasos y los grandes logros serán sólo mi responsabilidad, de nadie más. Los demás aparecerán bien chiquiticos, en los créditos, al final del show… el que quiera ser protagonista que haga su propia película.
  • Decir menos y hacer más. Nunca me he caracterizado por ser bocón, pero si antes era reservado con mis cosas, planes, logros y metas, ¡ahora lo seré más! El mundo está lleno de gente que te recomienda hacer tal o cual cosa, ¡pero que ellos mismos no hacen! Conocí a muchos ladrones de sueños, gente mala vibra y copiones de mierda durante el 2016. Ya no más. Ahora el modus operandi será: Yo hago, ¿Quieres hacer conmigo? ¡Venga y haga!, ¿No puedes porque no sabes? Yo te enseño, pero tienes que pagar. Documentar mis logros, mis enseñanzas y aprendizajes, y demostrarlos con hechos, no con bla, bla, bla.
  • Perfeccionar mi diplomacia. Siempre lo he dicho: la diplomacia es el eufemismo de HIPOCRESÍA. Vivimos en un mundo rodeado de falsedad, en el que pocos (MUY POCOS) se preocupan sinceramente por los demás, en el que las personas genuinas somos bichos raros en extinción. Y como lo dijo Darwin hace un bojote de años atrás: “Para que las especies sobrevivan deben adaptarse…”, bueno, créanme que haré mi mejor esfuerzo por adaptarme, sonreír y asentir ante cada estupidez con la que me tope, ya que no me interesaré por la estupidez ajena sino única y exclusivamente por mi bienestar y el de los míos (entiéndase mi pareja y mis hijas). No cometeré el error de malgastar mi tiempo enfrascándome en explicaciones o discusiones estériles con gente cuadrada a la que no me interesa ayudar, cambiar ni merecen la pérdida de mi valioso tiempo. Sonreiré, diciendo: “¡qué de pinga!”, pero me alejaré por la derecha de todo aquel que no me aporte nada, que me estorbe. No joderé para que no me jodan. El único y verdadero mandamiento por el cual debería regirse la humanidad.

Y por supuesto, seguiré escribiendo en este blog todo lo que pienso u opino de las cosas que me rodeen, de mis vivencias y de todo cuanto emprenda y aprenda… 😉

Y tú, ¿ya publicaste tus propósitos de Año Nuevo en las redes sociales?

@gordonesroo
@gordonesroo
Bloguero, Social Media Manager, Diseñador Web, Consultor en Marketing Digital y Emprendedor. Fanático de la tecnología, adicto a la información, maniático con la ortografía y WordPress Lover. Mis escritos siempre llevan mi opinión personal, mezclado con humor negro, sátira, sarcasmo... ¡y siempre libre de eufemismos!