Acerca del ego, el engagement y la censura en los medios digitales

Un cóctel maldito.

La verdad es que mezclar todos los temas que menciono en el título de este post nos daría para hacer una conferencia entera.

Pero trataré de ser breve.

Es ya muy sabido por todos que con el gran auge de las redes sociales en poco menos de 20 años, han surgido en torno a ellas una gran cantidad de estudiosos, especialistas, analistas, cargos, materias, carreras, y un sinfín de cosas más.

Como toda revolución (odio esa palabra), la digital no ha sido la excepción, y ha traído consigo a una gran cantidad de rémoras. Basuritas o parásitos que se pegan a ver qué sacan porque “eso de las redes sociales es muy fácil”, según sus propias palabras.

Y es así que empezamos a ver una gran cantidad de MAMAGÜEVOS que, porque ganan una cierta cantidad de seguidores en determinado momento, ya se creen la Verga de Triana.

El Ego Digital.

Malditos mojoneados.

Un mal que azota a estos mamarrachos. El Ego Digital es más común de lo que creemos.

Lo padecen millones de personas a la sombra de sus tristes cuentas de Instagram. Les quitas sus 6K de seguidores en esa red social y no tienen nada. Sólo su cara de pajúos.

El Ego Digital llega cuando no tienes nada en el mundo real. Cuando se te negó el reconocimiento offline y te refugiaste en un montón de seguidores, en unos cuantos retweets y en una docena de menciones. Allí aparece tu puto Ego Digital para decirle al mundo: “Soy un pobre pendejo, necesito notoriedad, ¡mírenme!”

De hecho, a mí el Ego Digital me encanta compararlo con esa actitud de mucha gente cuando gana jugando al Monopoly. ¡Es como creerte millonario porque ya montaste 4 casas y un hotel! ¡No seas idiota!

Creerte famoso, reconocido, o adorado por las masas, sólo porque tienes 3 o 4 jalabolas que siguen tus mentiras en los medios digitales de verdad que es un síntoma de que necesitas ayuda médica y profesional.

El Engagement.

Empieza a cambiar la cosa.

De todo ese poco de seguidores (que te hacen creerte famoso e “influencer”), ¿cuántos generan interacción con lo que posteas? ¿Qué porcentaje de tus seguidores da like, comenta o comparte tus contenidos?

Y voy más allá, expertos de la mierda: De todos esos comentarios de los que te jactas y dices que recibes, ¿Cuántos son positivos hacia ti o tu marca?

Probablemente casi no recibas comentarios negativos, porque hoy en día la gente se ha dedicado a ser “políticamente correcta”, y a evadir la polémica, la crítica y la discusión, para evitar “el qué dirán”. (Punto que trataré más adelante).

Pero, ¡midamos tu engagement!

Mucho ego + poco engagement = Charlatán digital

Mucho ego + mucho engagement = Creído lechúo de mierda

Poco ego + mucho engagement = Humildad. Eres de los buenos, de los míos

Poco ego + poco engagement = Cierra ese Instagram, y vende caramelos en el Metro

Nótese que el ego SIEMPRE está presente en la ecuación. ¡Debe estarlo! La cuestión es cómo lo dosificamos. Esa es otra historia. (De esto haré un podcast en mi Canal de Telegram).

Así que, empieza a dejar de jactarte de esas ridículas 6K que adornan tu perfil de Instagram, y empieza a medir números y analizar como gente GRANDE.

La censura.

Tema escabroso. Hay varios tipos de censura:

Está la censura política, cierre de medios, desaparición y encarcelamiento de periodistas y profesionales de la comunicación, común en nuestro país y otros que padecen dictadura en menor o mayor grado. De este tipo de censura no pienso hablar aquí. Visita mi Canal de WhatsApp si quieres hablar de ese tema conmigo.

Y está la censura autoimpuesta o autocensura.

De ésta sí quiero hablar.

La autocensura aparece cuando no quieres decir lo que piensas y lo que opinas. Tienes miedo de decir las cosas que ves, lo que piensas y lo que opinas, por temor a represalias, a ataques a ti y a tu forma de pensar, o por temor a que te refuten y luego no tengas argumentos para defender tu punto de vista.

Mal. Muy mal. Autocensurarse es de pendejos. De idiotas.

Si te autocensuras no tienes bolas. Las bolas de decir lo que sientes.

Por ejemplo, Ricky Martin estuvo mucho tiempo autocensurado, y salió del clóset. ¡Y culo pa to el mundo! (¡Ese es tema para otro post!).

Pero Ricky llegó a un momento en el que perdió el miedo y decidió asumir su peo y cargar con el peso de DECIR LO QUE PENSABA Y SENTÍA. A fin de cuentas, ¡ese culo es de él!

Lo mismo te pasa a ti cuando sientes u opinas acerca de algo que ves en medios digitales, y temes hablar, comentar o compartir algo al respecto por miedo a que te etiqueten, te juzguen.

¿Por qué le temes a que te etiqueten?

¡Que te etiqueten! Total, ¿los que te señalan acaso te dan de comer?

En este orden de ideas acerca del ego, el engagement y la censura, en días pasados hice una publicación en @eleternoinconforme, cuenta en la que abordo abiertamente temas polémicos y señalo cosas sin censura (sin la censura que nos impone lo “políticamente correcto” de las marcas, el branding, y bla, bla, bla), que generó una gran consternación en un grupito de niñitos que juegan, desde el 2017, a ser grandes.

En dicho post yo simplemente mencioné (qué ladilla explicar el sarcasmo, pero hay que hacerlo para los retrasados mentales) que debe haber congruencia entre lo que se dice y se hace, ya que en un flyer, patético por demás, vendían a un carajo X, que en mi puta vida he visto, con cara de hampón sádico (de Tocorón) como un verdugo especialista y arrechísimo en fotografía. Se supone que si eres “fotógrafo profesional” deberías venderte con tu mejor foto. Porque feos somos muchos, ¡pero disimula, coño!

Esta fue la publicación:

¡Y pa qué fue eso!

Se ofendieron, y salieron los mamarrachos del Cartel del Marketing (a los que varios colegas llamamos, como chiste interno, los marketeros de Tocorón) a dejar comentarios en el post. En fin, niñerías iban y venían.

¡Hasta memes y stickers de WhatsApp me sacaron! 

O sea, en un comentario me decían que mi cuenta era una basurita porque sólo tenía 200 seguidores, y ellos tenían no sé cuántas K más, ¿pero los ofendió una simple cuentica con 200 seguidores? Coño… otra vez: ¿Y la congruencia?

Y hasta el dueño del circo ese, que se autodenomina “papi del marketing” (en mi pueblo les dicen MUCHACHO MARICO) me escribió por privado una sarta de estupideces, evidentemente picado por mi opinión, que debo aclarar que ni era contra él ni contra su kínder “intento de comunidad”.

Obviamente le respondí (no suelo quedarme callado ante ningún comentario), no le gustó mi respuesta, porque le dije hasta que es un SÁDICO BABOSO que le escribe por privado a las carajas para invitarlas a su kínder. Y el #PapiBaboso borró el DM. (El que tiene rabo de paja no se acerca a la candela, dicen).

Él no contaba con que yo, inferior a ellos y todo, sé hacer capturas de pantallas… y he aquí uno de los DM:

Pero ya que andamos en una de NO A LA AUTOCENSURA, aprovecho y digo abiertamente aquí lo que muchos piensan del Cartel de Marketing (que me lo han dicho, pero que no se atreven a mencionar en público): que es un kínder mal administrado, un grupito de mentepollos. Un gallinero digital sin orden y en donde se pelea por destacar, por ser el más “cool” del marketing.

Y les doy mi opinión personal: conozco a 3 o 4 personas que hacen vida en ese “intento de comunidad”, y puedo dar fe, porque los conozco personalmente y he asistido a sus talleres y conferencias, que son VERDADERAMENTE PROFESIONALES. El problema no son ellos, el problema es el mariquito del #PapiSadiBabosoMarketing. No tengo nada en contra de ese kinder. Simplemente allá ellos con las güevonadas que anden haciendo por allí, que ni me interesan ni me aportan. De hecho, ni los sigo. La foto que publiqué me la envió precisamente una persona de esas que ve, opina y calla, y me dijo: “coño, mira esta mierda, ¿qué opinas?”. Eso es todo.

¿Ven cómo el ego, el desconocimiento del engagement y la censura dañan marcas, reputación y comunidades en Internet?

Luego de tantas pataletas, me reportaron la publicación e Instagram la eliminó, pero, ¿acaso el hecho de que borren esa publicación cambia en algo la verdad de lo que allí se dijo? ¿Cambia en algo nuestra opinión acerca del camarógrafo sádico y del #PapiBaboso? ¿Cambia en algo el mierdero y desorden de esa comunidad? ¡No!

Y podrán reportar todas las publicaciones que quieran, porque, como se jactó el #PapiMentepolloMarketing, “ellos son un cartel y están en todas partes”. Pero, ¡cierren este post! ¡Baneen mi blog! ¡Repórtenlo a Google, pues!

A mí me quitan Instagram, Twitter y Facebook… y sigo aquí en mi blog. Es más, me cierran el blog, y sigo en mis podcasts… Y me bloquean los podcasts y tengo una vida, un recorrido.

A ti, #PapiCaraDeSidosoMarketing, te quitan Instagram, ¿y qué te queda?

Todo este peo sin sentido, por una simple opinión de “una cuentica con 200 seguidores”, me recuerda el peo que se armó hace unos años con otra comunidad de niñitos malcriados, en donde todos pelean por ser el que más sabe, y en donde sólo dejan a sus jalabolas, y sacan a quienes opinan distinto o saben más que ellos. Vean ese post, en donde opiné al respecto.

Aquí pasa exactamente igual que con mi opinión acerca de Irrael Gómez: pienso que es uno más del montón, un oportunista que supo aprovechar la notoriedad de la farándula y se montó. Él no sabe más que yo, ni dice nada distinto de lo que yo digo. Sólo que él es mediático y yo no. Y mucha gente lo ama y adora. Hay mercado para todo… y jalabolas para todos.

¿Me vas a odiar por mi opinión, porque es distinta a la tuya?

¡ANDA A CAGAR!

Conclusión, mis queridos lectores:

Moderen el ego. No se crean la tapa del frasco, los más arrechos de la vaina, porque ¡nadie lo sabe todo! No se crean papi cuando apenas son pupú.

Aumenten el engagement. Las redes sociales son instrumentos de socialización. No para postear y ya. Que los likes no se te suban a la cabeza. ¡Interactúa y aporta!

Di lo que piensas. No te autocensures. No le pares bolas al qué dirán. Usa el lenguaje que prefieras (yo uso este, y te encanta. Lo sé). Pero no calles tu voz en Internet. El que te quiera y aprecie de verdad te aceptará con tus defectos, tus virtudes… y con tu voz incluida.

Y, fomentando la libre opinión y la interacción, ¿qué opinas de la foto del fotógrafo sádico? ¿Tengo o no tengo razón? ¿Qué opinas de los “marketeros de Tocorón”? ¿Qué te parece la actitud del #PupúMarketing?

Opina abiertamente. Yo leo y permito aquí todos los comentarios. No los borro, como hacen los demás.

@gordonesroo
@gordonesroo
Bloguero, Social Media Manager, Diseñador Web, Consultor en Marketing Digital y Emprendedor. Fanático de la tecnología, adicto a la información, maniático con la ortografía y WordPress Lover. Mis escritos siempre llevan mi opinión personal, mezclado con humor negro, sátira, sarcasmo... ¡y siempre libre de eufemismos!